Atardecer de un día de cuarentena.

Después de 90 días guardados, todavía hay quienes piensan que de ésto salimos mejores personas? Curioso, yo creo en cambio que de ésto saldremos más gordos. Y más pobres. En general siempre soy bastante contrera y esta oportunidad no será la excepción. No veo la relación entre encierro y dejar de ser mezquinos, egoístas, corruptos, arrogantes, desafiantes. No la veo, realmente. Si veo en cambio, que quienes son solidarios han profundizado la ayuda, quienes son empáticos demuestran más  interés por los demás, los amables siguen esforzándose por dar una palabra de aliento.

También me asombran las redes sociales. Su función social en tiempos de pandemia es muy destacable. Son un puente de comunicación, unen familias, amigos, acercan conocimientos, dan un respiro a la monotonía. Y demuestran cuán idiotas son algunos. No es que las redes los idiotizan, ya lo eran desde antes y las redes sólo los ponen en evidencia. Sino no se justifica que alguien que rompe la cuarentena obligatoria se tome fotos haciéndolo y las publique, vanagloriándose del hecho.

Otro punto que me llama poderosamente la atención es cuánta gente acompaña sus fotos con frases del estilo » cuando eramos felices y no lo sabíamos». Pucha, ésta si que me duele. Cómo puede darse la salud o el amor como un hecho y no darle el enorme valor que tiene. Será que todas esas fotos que inundan las redes de gente felíz son sólo eso, fotos. Y no gente realmente siendo felíz. Será que sólo importa la foto, será que sólo cuenta mostrar tu felicidad y no realmente sentirla, disfrutarla, apropiartela.

«Al ver, verás» es una frase que me acompaña desde que comencé a hacer fotos. Y hoy, en este tiempo de encierro, se hace más poderosa que nunca. Podrán decirme que el cielo es siempre el mismo, que siempre está, que nada tiene de asombroso para esperar un nuevo atardecer cada tarde con la cámara lista… Pero yo no lo doy por hecho, salgo a ver el atardecer cada día, lo admiro, lo aprecio, lo disfruto, lo documento, lo vivo  y lo agradezco.

Virus del orto

Nunca , ni en los peores sueños o pesadillas imaginé que tendría que suspender un viaje porque hubiera una pandemia. Eso solo pasaba en las películas, esas del tipo catastróficas que yo prefiero evitar. Cuando planeo un viaje tengo fantasías de todo tipo de por qué podría llegar a suspenderse, perdida de pasaporte, perdida de vuelo, alguna enfermedad leve, quiebra de la compañía aérea. Pero lo cierto es que en Marzo 2020 no sólo tuvimos que suspender un viaje deseado, soñado, planeado sino que también nos tocó guardarnos en casa,  a nosotros y a todo el planeta. Covid 19. Un resfrío, una gripe se apoderó de nuestras vidas. Lamentablemente mucha gente falleció, hay muchos pasándola realmente mal, falta de trabajo, escasos recursos, hospitales colapsados, gente mayor aislada, niños sin plazas. Mucha gente deprimida y atemorizada. Todos en cuarentena. Todos en casa. No más colegio, nos más universidad y no más trabajo.

Cambio de dinámica familiar y social. Teletrabajo para algunos, clases escolares vía zoom, falta de ingresos para mí, compras online, entrega de frutas y verduras. No más salidas a trotar, no más club ni cervezas con amigos.

Cambio de hábitos y costumbres. Mucha series, algo de lectura, videollamadas y mucha cocina. De repente ese espacio se transformó en un lugar cálido, buscado, deseado. Incorporé un paralante y si suena jazz, en casa ya saben, es que estoy amasando. En esta nueva cotidianeidad, amasar es una descarga y un hábito. Los sábados a la noche se cena picada con pan by mamá. Ya no hay deliveries , la comida casera se apoderó de nosotros.

Me declaro obsesionada del cielo, la luna, los atardeceres y las estrellas en esta cuarentena. Tengo toda una carpeta de fotos de lunas ,»Luna encuarentenada» . La observo, la aprecio , la fotografío en sus distintas fases. Ya llevamos tres lunas llenas en este tiempo de guardado, lo que sin dudas equivale a que llevamos mucho tiempo de encierro.

Nuevas fotos aparecieron, nuevas miradas de lo cotidiano. Buscar inspiración no siempre es fácil, sin embargo es interesante ver cuánto hay a nuestro alrededor que no vemos. Así descubrí las mariposas y cotorras que hay en mi jardín. Los caranchos que viven en un pino lindero. Los pequeños hongos que se forman en el pasto cuando llueve varios días.  Los colores de los atardeceres, rojo, naranja, hasta violeta a veces. El cielo cada tarde regalando un nuevo espectáculo. Y la cámara siempre lista, dispuesta a disparar.

Todavía es muy incierto todo, no sabemos cuándo podremos retomar en parte algo de nuestras vidas, tampoco sabemos qué quedará de lo anterior o cuáles serán nuestras nuevas costumbres. La incertidumbre es mucha. No sabemos si volverán los viajes y si algún día vuelven , cómo serán.

Por ahora me sigo ocupando de retratar esto que nos sucede, hoy.