Virus del orto

Nunca , ni en los peores sueños o pesadillas imaginé que tendría que suspender un viaje porque hubiera una pandemia. Eso solo pasaba en las películas, esas del tipo catastróficas que yo prefiero evitar. Cuando planeo un viaje tengo fantasías de todo tipo de por qué podría llegar a suspenderse, perdida de pasaporte, perdida de vuelo, alguna enfermedad leve, quiebra de la compañía aérea. Pero lo cierto es que en Marzo 2020 no sólo tuvimos que suspender un viaje deseado, soñado, planeado sino que también nos tocó guardarnos en casa,  a nosotros y a todo el planeta. Covid 19. Un resfrío, una gripe se apoderó de nuestras vidas. Lamentablemente mucha gente falleció, hay muchos pasándola realmente mal, falta de trabajo, escasos recursos, hospitales colapsados, gente mayor aislada, niños sin plazas. Mucha gente deprimida y atemorizada. Todos en cuarentena. Todos en casa. No más colegio, nos más universidad y no más trabajo.

Cambio de dinámica familiar y social. Teletrabajo para algunos, clases escolares vía zoom, falta de ingresos para mí, compras online, entrega de frutas y verduras. No más salidas a trotar, no más club ni cervezas con amigos.

Cambio de hábitos y costumbres. Mucha series, algo de lectura, videollamadas y mucha cocina. De repente ese espacio se transformó en un lugar cálido, buscado, deseado. Incorporé un paralante y si suena jazz, en casa ya saben, es que estoy amasando. En esta nueva cotidianeidad, amasar es una descarga y un hábito. Los sábados a la noche se cena picada con pan by mamá. Ya no hay deliveries , la comida casera se apoderó de nosotros.

Me declaro obsesionada del cielo, la luna, los atardeceres y las estrellas en esta cuarentena. Tengo toda una carpeta de fotos de lunas ,»Luna encuarentenada» . La observo, la aprecio , la fotografío en sus distintas fases. Ya llevamos tres lunas llenas en este tiempo de guardado, lo que sin dudas equivale a que llevamos mucho tiempo de encierro.

Nuevas fotos aparecieron, nuevas miradas de lo cotidiano. Buscar inspiración no siempre es fácil, sin embargo es interesante ver cuánto hay a nuestro alrededor que no vemos. Así descubrí las mariposas y cotorras que hay en mi jardín. Los caranchos que viven en un pino lindero. Los pequeños hongos que se forman en el pasto cuando llueve varios días.  Los colores de los atardeceres, rojo, naranja, hasta violeta a veces. El cielo cada tarde regalando un nuevo espectáculo. Y la cámara siempre lista, dispuesta a disparar.

Todavía es muy incierto todo, no sabemos cuándo podremos retomar en parte algo de nuestras vidas, tampoco sabemos qué quedará de lo anterior o cuáles serán nuestras nuevas costumbres. La incertidumbre es mucha. No sabemos si volverán los viajes y si algún día vuelven , cómo serán.

Por ahora me sigo ocupando de retratar esto que nos sucede, hoy.